A veces parece que el movimiento de la tierra se ralentiza. Echa el freno poco a poco y todo va más despacio...excepto yo. Me mantengo dinámica en mi estar, en mi ser y mi sentir, pero todo lleva su tiempo y a veces se hace demasiado espeso...
Cuando llega la noche, el impulso terrestre recupera su tic tac, vuelve a su ritmo y las horas se aceleran para recuperar el compás...hasta que todo se detiene de nuevo.
Nos deja recrearnos en el abismo, nos deja observar el vacio infinito justo antes de caer...se regocija de nuestra impotencia ante los acontecimientos, y nos mueve con sus hilos de marioneta.
Lo veo, lo siento, lo sé.
Sé todo lo que ocurre a mi alrededor, pero no soy capaz de salir de mi habitación, siento que sólo ahí estoy segura.
No.
Ya no quiero más dolor, más sufrimiento, más incomprensión... quiero estar tranquila, quiero vivir y sonreir cada dia. Quiero poder sentir la calma que siento esos días en que parece que toda va bien. Quiero sentir que vivo la vida que anhelo, que suspiro que vivo, que respiro vida.
No.
Hace tiempo decidí que nada ni nadie podría hacerme caer de nuevo en aquel agujero. Que no dejaría que nadie volviera a apagar mi sonrisa y que nada, ni nadie, me harían volver a meterme en la habitación, apagar la luz y taparme los oídos.
No.
Estoy aquí, estoy con ganas de dar pasos hacia adelante, y lo haré, de la manera que sea y cueste lo que cueste. Decidí ser feliz. Y lo seré.
martes, 20 de enero de 2009
lunes, 12 de enero de 2009
Tú

Tus ojos se volvieron dulces,
llenos de miel,
de brillos,
de palabras en color lila.
Tu abrazo manto de estrellas,
luz de luna llena
paz de la noche en verano.
La estancia se llenó de aromas,
de fragancias olor jazmín,
el silencio en la burbuja.
Tus manos sabias en el camino,
suaves y cálidas,
llenas de paz y calma.
Mi alma rendida a tu lado,
mis manos vencidas en las tuyas,
mi ser compartido en tu cuerpo.
Lágrimas dulces recorriendo mis mejillas,
sonrisa tímida asomando en mis labios
palabras mudas llenando el espacio.
Tu piel llamando a mis manos,
tus ojos espejo dorado,
tu amor en un abrazo.
llenos de miel,
de brillos,
de palabras en color lila.
Tu abrazo manto de estrellas,
luz de luna llena
paz de la noche en verano.
La estancia se llenó de aromas,
de fragancias olor jazmín,
el silencio en la burbuja.
Tus manos sabias en el camino,
suaves y cálidas,
llenas de paz y calma.
Mi alma rendida a tu lado,
mis manos vencidas en las tuyas,
mi ser compartido en tu cuerpo.
Lágrimas dulces recorriendo mis mejillas,
sonrisa tímida asomando en mis labios
palabras mudas llenando el espacio.
Tu piel llamando a mis manos,
tus ojos espejo dorado,
tu amor en un abrazo.
jueves, 8 de enero de 2009
Mar de dudas

Miré a través de tus ojos, me ví, me ví sentada al borde de la cama, con los ojos fijados en el suelo, las manos bajo los muslos, una lágrima resbalando por la mejilla, la mirada perdida...
Sentí el latir en tu pecho, la aceleración del latir, sentí la candidez de tu mirada, la comprensión de tu sentir.
Sentí tus deseos de abrazarme, y tu lucha por no hacerlo...
Volví a mí, mi mente viajaba de un lado al otro, de extremo en extremo, volando a una burbuja llena de aire viciado, volando sin rumbo, sin metas, sin saber muy bien que pensar o sentir...
Me sentí derrotada por un vaivén de sensaciones, de altibajos, una montaña rusa que me había mareado demasiado.
Levante la vista y me crucé con tu mirada, esa que siempre dice todo lo que no sabes expresar con palabras.
Ve y arréglalo.
Fueron las palabras que vi reflejadas en tus ojos. El torrente de lágrimas ya no tuvo contención. Agarré mi bolso y salí nadando en aquel mar de dudas...
miércoles, 10 de diciembre de 2008
Sensaciones
Nos acercábamos al lugar, en los alrededores sólo se veían grandes extensiones de verdes prados, y árboles con colores de otoño, había llovido y el agua producía unos chispeantes brillos con los pequeños rayitos de sol del atardecer.
Me bajé del coche y sentí la fría brisa de diciembre, me subí el cuello del abrigo mientras cogía la maleta y me encaminaba hacia la casa.
No se oía ningún ruído, la tranquilidad reinaba a sus anchas por toda la finca, y un aura de paz rodeaba la casa color morado. Entré por un gran portal de madera que daba al antiguo alpendre, había un antiguo carro de madera a un lado, y al otro hatillos de paja donde dormitaba un gato siamés. Salimos al patio interior, rodeado del almacén, del gallinero y del antigo estanco del pueblo y la casa. La puerta de más de dos metros de las antiguas cortes, era un impresionante cuadro vanguardista de dos ángeles abrazados, uno amarillo y otro azul, el día y la noche, el ying y el yang, géminis...predecía un lugar lleno de magia, un lugar hecho especialmente a mi medida...
Un grupo de perras salió a saludarnos, dos grandes mastines y tres pequeñitas que no paraban de saltar. La casa estaba decorada con unos grandes dibujos de vacas muy simpáticas, a un lado, sobre el gallinero, se veía un antiguo hórreo precioso, y la zona de la pía y el horno de leña.
Llegamos a la zona de acceso a la casa, y abrimos la gran puerta de madera verde. Sentí el calor de la leira que se escapaba fugaz a nuestra entrada. Me inundé de sensaciones, de calor, de un sentimiento tremendamente acogedor, del olor de la leña, del sonido de la tranquilidad...
Era un contraste curioso, la máquina registradora antigua, con sus grandes botones y su manivela junto aun precioso y colorista cuadro vanguardista. Un poema en la pared daba la bienvenida al amor en sus versos, un gran libro lleno de buenos deseos de viajeros y visitantes, un pequeño puesto de feria lleno de artesanía en forma de pendientes, pulseras y llaveros. Miles de postales y fascículos informativos de la zona.
Salió a recibirnos una encantadora chica que nos enseñó los comedores y nos llevó hasta nuestro cuarto, o cuarto do banco, mientras nosotros no parábamos de observar todo a nuestro alrededor.
Unos techos altísimos, pardes de piedra de más de 200 años, adornadas con enormes cuadros que sólo invitaban a asombrarse de su increíble creatividad, a enamorarse de ellos y a sentirlos desde dentro...
Colecciones de pequeños objetos antiguos, mezclados con modernas figuritas de vacas, colores vivos en las paredes...un contraste con buen gusto...
Entramos en el cuarto, la cama cubierta con una colcha artesanal, llena de espejitos que reflejaban la tenue luz de las lámparas, la forja de su estructura para aguantar un dosel, el cuadro de dos amantes sobre el cabecero, color lila en las paredes, poemas escritos en blanco, teléfonos antiguos, juguetes de antaño y una preciosa mecedora junto a la ventana.
Dejamos las mochilas sobre la cama y recorrimos cada rincón de la estancia, saboreándolo todo, descubriendo cada detalle. La originalidad y alegría de cuarto de baño, color rosa con pared de manchas de vaca, un espejo de madera tallada y olor a flores que embriagaba los sentidos.
Me tumbé en la cama observando las vigas de madera del alto techo, escuchando la nada, emborrachándome de paz, de calor y de recogimiento.
Empezaban dos días de aunténtica relajación, de descanso, de olvidarse del ruido de la ciudad, del olor a contaminación y de estrés en nuestros caminos.
Empezaba la magia de la Casa de Baixo, del bosque animado, de la alegría que se siente a veces con los pequeños detalles...
Me bajé del coche y sentí la fría brisa de diciembre, me subí el cuello del abrigo mientras cogía la maleta y me encaminaba hacia la casa.
No se oía ningún ruído, la tranquilidad reinaba a sus anchas por toda la finca, y un aura de paz rodeaba la casa color morado. Entré por un gran portal de madera que daba al antiguo alpendre, había un antiguo carro de madera a un lado, y al otro hatillos de paja donde dormitaba un gato siamés. Salimos al patio interior, rodeado del almacén, del gallinero y del antigo estanco del pueblo y la casa. La puerta de más de dos metros de las antiguas cortes, era un impresionante cuadro vanguardista de dos ángeles abrazados, uno amarillo y otro azul, el día y la noche, el ying y el yang, géminis...predecía un lugar lleno de magia, un lugar hecho especialmente a mi medida...
Un grupo de perras salió a saludarnos, dos grandes mastines y tres pequeñitas que no paraban de saltar. La casa estaba decorada con unos grandes dibujos de vacas muy simpáticas, a un lado, sobre el gallinero, se veía un antiguo hórreo precioso, y la zona de la pía y el horno de leña.
Llegamos a la zona de acceso a la casa, y abrimos la gran puerta de madera verde. Sentí el calor de la leira que se escapaba fugaz a nuestra entrada. Me inundé de sensaciones, de calor, de un sentimiento tremendamente acogedor, del olor de la leña, del sonido de la tranquilidad...
Era un contraste curioso, la máquina registradora antigua, con sus grandes botones y su manivela junto aun precioso y colorista cuadro vanguardista. Un poema en la pared daba la bienvenida al amor en sus versos, un gran libro lleno de buenos deseos de viajeros y visitantes, un pequeño puesto de feria lleno de artesanía en forma de pendientes, pulseras y llaveros. Miles de postales y fascículos informativos de la zona.
Salió a recibirnos una encantadora chica que nos enseñó los comedores y nos llevó hasta nuestro cuarto, o cuarto do banco, mientras nosotros no parábamos de observar todo a nuestro alrededor.
Unos techos altísimos, pardes de piedra de más de 200 años, adornadas con enormes cuadros que sólo invitaban a asombrarse de su increíble creatividad, a enamorarse de ellos y a sentirlos desde dentro...
Colecciones de pequeños objetos antiguos, mezclados con modernas figuritas de vacas, colores vivos en las paredes...un contraste con buen gusto...
Entramos en el cuarto, la cama cubierta con una colcha artesanal, llena de espejitos que reflejaban la tenue luz de las lámparas, la forja de su estructura para aguantar un dosel, el cuadro de dos amantes sobre el cabecero, color lila en las paredes, poemas escritos en blanco, teléfonos antiguos, juguetes de antaño y una preciosa mecedora junto a la ventana.
Dejamos las mochilas sobre la cama y recorrimos cada rincón de la estancia, saboreándolo todo, descubriendo cada detalle. La originalidad y alegría de cuarto de baño, color rosa con pared de manchas de vaca, un espejo de madera tallada y olor a flores que embriagaba los sentidos.
Me tumbé en la cama observando las vigas de madera del alto techo, escuchando la nada, emborrachándome de paz, de calor y de recogimiento.
Empezaban dos días de aunténtica relajación, de descanso, de olvidarse del ruido de la ciudad, del olor a contaminación y de estrés en nuestros caminos.
Empezaba la magia de la Casa de Baixo, del bosque animado, de la alegría que se siente a veces con los pequeños detalles...
jueves, 4 de diciembre de 2008
Gris
El color gris a ocupado el primer puesto, gris el cielo, gris el agua que cae en forma de lluvia, los charcos que reflejan el color de las calles, gris. Gris como el despertar del día, como la sensación de nada que me acompaña esta mañana. Gris el color que van tomando mis palabras, olor a gris en el aire, color gris en el sentimiento.
Hoy es un día más, sin ninguna pretensión, un día inadvertido y silencioso. Subida en los tacones de vértigo, para ver si más arriba hay otro color. No lo hay, hoy el gris es supremo. Bajaré de nuevo al suelo para empaparme bien de él, para hacerle creer que es más fuerte, que me ha vencido...
Mañana será del color que yo quiera, quizá color verde...
Cuando el gris se relaje al creerse mejor, pintaré el día de mis colores, de sonrisas y de miradas esperanzadas. Pintaré con pincel de plata colores de oro, pondré perlas de sonrisas y brillos de miradas...
El gris me gusta de vez en cuando, porque hace que me acuerde de pintar las calles con miles de colores...
Hoy es un día más, sin ninguna pretensión, un día inadvertido y silencioso. Subida en los tacones de vértigo, para ver si más arriba hay otro color. No lo hay, hoy el gris es supremo. Bajaré de nuevo al suelo para empaparme bien de él, para hacerle creer que es más fuerte, que me ha vencido...
Mañana será del color que yo quiera, quizá color verde...
Cuando el gris se relaje al creerse mejor, pintaré el día de mis colores, de sonrisas y de miradas esperanzadas. Pintaré con pincel de plata colores de oro, pondré perlas de sonrisas y brillos de miradas...
El gris me gusta de vez en cuando, porque hace que me acuerde de pintar las calles con miles de colores...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
